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Sábado, 13 Agosto 2011 21:35

Tendiendo a ser menos europeos

Paul Gerbrands

Siempre ha sido costumbre en la Unión Europea que los países con más habitantes tengan también más votos y consigan el mayor número de escaños en el Parlamento Europeo, de este modo el número de habitantes determina el poder de cada país.

En casi todos los países europeos el sueldo de un alcalde depende del número de habitantes de su municipio: cuantos más habitantes, más alto será su salario. Los países grandes poco poblados tienen la mala suerte de contar con poco peso en los procesos de decisión europeos y los países pequeños poco poblados no cuentan en absoluto. Finlandia es un país extenso, poco poblado y que apenas dispone de materias primas. Para Europa solo tiene importancia política y estratégica. Los países grandes y densamente poblados como Italia, Alemania, Gran Bretaña y Francia llevan la voz cantante en Europa. Para obtener voz en el Consejo los países se deben esforzar en aumentar su población.

Estamos hablando de la Unión Europea, una organización absolutamente democrática. Sin embargo la mayor parte de organizaciones internacionales de naciones no son democráticas. No reflejan en absoluto la opinión del electorado mundial, sino la de la mayoría de los gobiernos de los países miembros influyentes. Muchos de esos gobiernos no son democracias, sino regímenes opresores, que invierten sus ingresos en el consumo de la élite, en proyectos de prestigio y en armas de última generación.
A veces las reflexiones sobre el poder político llevan a considerar que la disminución de población es un problema político. Ahmedinejad ha dicho que el descenso de la natalidad es una “importación atea de occidente” y ha anunciado elevadas primas para los recién nacidos. En Rusia se considera directamente que el descenso de la natalidad es una catástrofe demográfica que puede arruinar con el tiempo la posición de poder del país. Según las estimaciones la población rusa disminuirá de más de 140 millones de personas en el año 2010 a 116 millones en 2050 especialmente debido a la elevada tasa de mortalidad, sobre todo entre la población masculina.

Se podría aplicar otro criterio para la asignación del poder. En vez de tener en cuenta la población absoluta de un país, se tendría en cuenta el uso moderado de la energía, la protección del medio ambiente y las reservas que muestre a causar perjuicio a otros países para conseguir la propia prosperidad. Un país así actúa sensatamente, porque tiene en cuenta el hecho de que la Tierra no puede soportar impunemente los caprichos en constante aumento de una humanidad creciente. El hecho de “comprar” barato gracias a una política colonial expansionista ha evitado durante siglos la bancarrota de Europa y a la vez le ha asegurado una ventaja económica sobre el resto del planeta.
Mediante la admisión de nuevos estados miembro a la Unión y la búsqueda de otros miembros se intenta conseguir una Europa mayor con más posibilidades económicas. Fácilmente llegan al alcance de la UE materias primas costosas. Como contrapartida, los nuevos miembros pueden ingresar en un orden social democrático y conseguir mayor prosperidad. Los euroescépticos ya han propuesto admitir cuanto antes a Irán en la UE, para subsanar la escasez energética en los próximos cien años, a pesar de los posibles problemas derivados.

Bajo el estandarte del necesario crecimiento económico y de otros ideales estrechos de miras, los estados europeos siguen estando dispuestos a buscar la solución a sus problemas económicos más allá de sus fronteras, ya que se espera un estancamiento de la economía europea como consecuencia de un consumo excesivo, avivado por la publicidad, debido a la destrucción de las barreras ecológicas de la superficie terrestre disponible y a la falta de energía, alimentos y agua potable. Sin embargo el ciudadano medio no cuenta con toda esta información. No se puede justificar la facilidad con la que Europa minimiza los problemas, mientras se arrellana persistentemente en la expansión y el crecimiento masivo. Sería preferible otra estrategia en lugar de la de aprobar irreflexivamente el modelo de crecimiento. Los países industrializados están muy superpoblados y desgastan en exceso la superficie terrestre en beneficio propio. Tienen que ir más allá de sus fronteras. Creen que pueden continuar con la producción y el consumo desenfrenado como si la Tierra fuese inagotable. La Europa única condona en cierta medida la deuda a los países en vías de desarrollo. Suena magnánimo y benévolo, pero demuestra cualquier cosa menos inteligencia económica a largo plazo.

En algunos países “pobres”, entre ellos China, La India y Pakistán, ha empezado de manera patente un auge económico imparable. Su creciente necesidad de alimentos de primer orden, agua potable y el suministro de energía permanente no solo intensificará su exigencia sobre las reservas mundiales, sino que a la larga les obligará a guardar sus reservas para consumo propio. De este modo intentarán asegurar su desarrollo económico. En el futuro también su sobreproducción, su consumo excesivo y su “producción humana” se someterán a debate. Antes de que en el Tercer Mundo se pueda hablar seriamente de una reducción sustancial de la población, también allí el consumo excesivo acarreará las mismas consecuencias desastrosas que en los países industrializados. Igual que en Europa, la montaña de residuos industriales (en la que también se incluyen miles de millones de toneladas de CO2) crecerá exponencialmente antes de que se reconozca plenamente el alcance del problema. Cada vez más habitantes del Tercer Mundo intentarán escapar de las condiciones inhumanas, que provocarán las futuras guerras por los alimentos, las graves violaciones de los derechos humanos y otras situaciones de emergencia.

Estas personas mostrarán poca comprensión cuando se las detenga en las fronteras de la fortaleza Europa. La situación no cambiará hasta que Europa no comprenda que con sus desenfrenadas demandas económicas ella misma contribuye en gran escala al estancamiento de la economía mundial. El cierre de las fronteras exige una contrapartida. No podemos mantener nuestra prosperidad a costa de otros países. Puede que el estancamiento de la economía sea inevitable. De todas maneras se debería evitar la constante emisión y producción de residuos industriales, mientras productos valiosos como materias primas y alimentos afluyen con demasiada facilidad, aunque se necesiten con más urgencia en otros lugares. Hablando claro: ahorro de materias primas, represión del consumo excesivo y disminución de la población.

Esto significaría también que se deberían suprimir todas las ayudas a la procreación, como la asignación mensual por hijo, las ayudas para la guardería y el reembolso de las fertilizaciones in vitro y las inseminaciones intrauterinas. Además nadie debería sacar provecho de productos que causen perjuicio o daño al medio ambiente. Habría que pensar en el trabajo infantil, en la industria del algodón y la soja, la importación de alimentos de países lejanos, la exportación de la ganadería y la movilidad evitable. Nadie debería tampoco comprar a empresas que sean culpables de ello. Se podría empezar gravando con impuestos determinados productos: la matrícula del segundo coche, queroseno, la potencia de los motores de los yates de lujo, la carne y los productos lácteos, la electricidad obtenida de combustibles fósiles o nucleares y el gas natural. En el futuro estos bienes se podrían racionar o incluso prohibir, como por ejemplo las antiguas bombillas. Las licencias podrían subastarse o sortearse. En Pequín y Singapur esto es aplicable a las matrículas de automóviles. También se adjudican licencias para la pesca y la ganadería.

No resultará fácil tomar las medidas correspondientes, ya que estamos acostumbrados a no intervenir hasta que nos afecta personalmente y por consiguiente es demasiado tarde. El terrorismo internacional no se abordará verdaderamente hasta que el mundo civilizado no se enfrente al miedo y tema que si no toma medidas todo podría fracasar. Todavía no sentimos un temor real ante la pobreza y el hambre. El hambre está lejos de aquí. No se intervendrá hasta que el suministro de alimentos se colapse definitivamente. El consumo excesivo y la sobreproducción no se incluirán en el orden del día político de Europa hasta que los europeos no sientan la amenaza de perder, por culpa propia, su rango en una sociedad hedionda y superpoblada, en la que ya nadie sea inmune al cáncer y las enfermedades respiratorias. Hasta entonces seguimos pensando equivocadamente que no es para tanto, ya que creemos que la tecnología del futuro puede servir para solucionar todos los problemas, incluidos la pobreza, el hambre y la sed.

Toleramos este malentendido como avestruces que ocultan la cabeza en la arena. Los europeos hablan de sostenibilidad, pero ¿quién no querría tener los marcos de la ventana de madera maciza de fácil mantenimiento, aunque fuese a costa de la selva tropical? Puede que los marcos de plástico apenas necesiten cuidados, pero su producción y reciclaje corre a cargo de materias primas fósiles no renovables. La búsqueda de posibilidades alternativas para satisfacer las necesidades de consumo reinantes es una característica de la sociedad europea.

Según el PNUMA, desde 2002 flota sobre La India, Pakistán, Bangladesh y los países vecinos una capa de esmog de tres kilómetros de grosor. Esta capa, que ocasiona a la agricultura daños colosales, se ha ido haciendo cada vez más gruesa. Es el resultado de un dramático aumento del uso de combustibles fósiles debido al tráfico y a la industria en ciudades de los que consideramos países en vías de desarrollo. La contaminación se ve agravada por el humo de millones de cocinas de particulares, en las que se quema madera, estiércol de vaca y otros biomateriales. La capa de esmog bloquea un 10% la luz solar y se extiende con el tiempo sobre el resto del planeta. En las próximas décadas, la población de Asia crecerá hasta alcanzar los 4 ó 5 mil millones. No se espera que debido al aumento de la prosperidad la utilización de combustibles fósiles se adapte al aumento de población, sino que la sobrepase ampliamente.

Muy cerca también van mal las cosas. Actualmente ciudades europeas y regiones como París, Lyon, Londres, Liverpool, Amberes, Valonia, la región de Rotterdam, la cuenca del Ruhr, Roma, Nápoles, la zona del Po y muchos otros centros industriales europeos nos garantizan verdaderamente una vida poco sana. Se espera que también nuestra prosperidad siga creciendo por el momento, exactamente igual que nuestro consumo excesivo y la contaminación medioambiental. El protocolo de Kioto ejemplifica la intención de conservar nuestra prosperidad actual a toda costa, sin considerar los verdaderos problemas como el consumo excesivo y la superpoblación y así solventar la elevada contaminación y ruina a la que se ve abocado el planeta. Cierto es que Kioto es un paso adelante, pero perseveramos en el intento de mantener nuestro costoso estilo de vida  mediante la técnica. Solo el pensar que pudiera originarse escasez, nos empuja a hacer más inversiones, en vez de escarmentar con respecto a la Tierra. Con el tiempo, esta actitud de la especie humana podría llevar al desastre. Según Kioto , una reducción insignificante de la producción y el consumo es a largo plazo totalmente irrelevante.

En vista de la perseverancia y obstinación con las que nosotros los europeos aumentamos nuestras demandas salariales mediante acciones sindicales, apenas es de esperar una diligencia razonable que modere el estándar de vida. La única alternativa sería una reducción sustancial de la población, que es responsable del voluminoso consumo excesivo y de la contaminación. El problema de la superpoblación se recibe a menudo con una sonrisa satisfecha, como si no fuese para tanto. Por regla general cualquier apoyo a la reducción del número de hijos se rechaza por misantrópico. En el mejor de los casos se sugiere que ya intervendrá la madre naturaleza. No obstante, la población ya ha empezado ha disminuir. La media del número de hijos por mujer se ha reducido ligeramente, entre otros lugares en Europa y Japón. Esto ha contribuido a que la media de fertilidad mundial femenina se reduzca de 3 hijos en el año 1998 a 2,5 hijos en 2002. Pero a pesar de este índice de natalidad, la población mundial aumentará de 6 mil millones a más de 9,2 mil millones en 2050. Este crecimiento no se limitará al Tercer Mundo, sino que gracias a la migración afectará también a Europa. Cuando este nuevo crecimiento se una a la ya existente cooperativa de consumo excesivo y contaminación, las guerras por la supervivencia serán inminentes y esto impedirá enormemente el desarrollo de la humanidad.

Un índice de natalidad de 2,1 hijos por mujer de media se considera generalmente suficiente para reemplazar a la primera generación. Por debajo de 2,1 hijos se reduciría la población de un país. Sin embargo esta suposición es falsa. La mortalidad y el aumento de la esperanza de vida sigue determinando la población definitiva. El efecto retardado de generaciones anteriores con un factor de restitución del 2,1 no conduce a que la población disminuya en conjunto, sino que el factor de restitución ha de estar por debajo de 2,1, esto sin tener en cuenta los efectos de la migración. Según las Naciones Unidas con un índice de natalidad medio de 2,0 hijos por mujer habría en el año 2050 aún 8,9 mil millones de personas. Esto significa un crecimiento de apenas 3 mil millones en comparación con 2002. La siguiente tabla muestra el pronóstico, tan sorprendente como alarmante, de un abrumador aumento de la población en el año 2025, incluso en países en los que el número de hijos por mujer ha alcanzado un mínimo histórico.

PAÍS

NÚMERO DE HIJOS POR MUJER

AUMENTO ESPERADO DE LA POBLACIÓN HASTA 2025

 China

1,8

307,2 millones

 Corea del Sur

1,6

5,8 millones

 Taiwan

1,4

3,4 millones

 Japón

1,4

5,8 millones

 Alemania

1,3

5,7 millones

 Rusia

1,2

8,4 millones

Al examinar los estudios de Wackernagel sobre la demanda humana y las reservas de la Tierra salta a la vista que la oferta de alimentos y energía de la superficie ecológica terrestre no alcanza en absoluto para satisfacer las necesidades humanas al completo. La “huella ecológica” nacional de cada país sobrepasa casi siempre sus posibilidades, de ahí que muchos países acusen un “déficit ecológico”. Especialmente los países industrializados muestran una “falta de suelo ecológico” crónica. En primer lugar, cada país debería saldar este déficit con una reducción del consumo por habitante, algo que va a resultarles sumamente difícil a los países industrializados, ya que la prosperidad es con mucho la vaca sagrada. Con 10 mil millones de habitantes, todos pretendiendo llevar un nivel de vida elevado, necesitaríamos en 2050 dos globos terráqueos para satisfacer la demanda. ¡En absoluto una buena previsión!

Tampoco los países en vías de desarrollo aceptarán renunciar a la prosperidad, ya que  consideran que ésta es la única posibilidad de escapar de la pobreza. La reducción del número de consumidores sería también en este caso la mejor alternativa.

La extensión de terreno exacta que necesita una persona para afrontar sus necesidades de manera responsable y sostenible se determina mediante sus necesidades de consumo. Entran en juego factores como la alimentación, la vivienda, el transporte, los bienes de consumo y prestaciones como la asistencia sanitaria. Para poder satisfacer todas estas necesidades, se requiere tierra útil. Hay que reintegrar el consumo total de recursos naturales y poder asimilar los residuos y las emisiones. La superficie total de tierra útil que un determinado número de personas necesita se denomina su “huella ecológica”. Pero la superficie de la Tierra, que abarca 14,5 mil millones de hectáreas de tierra y 36 mil millones de hectáreas de agua, no es útil en su totalidad. Si descontamos los casquetes polares, los desiertos, la tierra semiárida, yerma y estéril quedan apenas 11 mil millones de hectáreas para uso humano. Si dividimos esta cantidad entre la población mundial actual de 6 mil millones, a cada habitante del planeta le corresponden 1,5 hectáreas. No obstante, las estimaciones de la biocapacidad ecológica disponible oscilan. En el informe Brundtlandt de 1992 se proponía destinar el 10% de la superficie terrestre útil a territorio para los animales. En este caso quedarían 9 mil millones de hectáreas de suelo ecológico para los humanos. Dependiendo del individuo y del tipo de sociedad, la necesidad respectiva de tierra puede presentar diferencias considerables; sin embargo es obvio que la demanda individual de “biotopo” aumenta con los ingresos y estos aumentan constantemente por todo el mundo.

Si se explota constantemente la Tierra de manera irresponsable, entonces estamos hablando de explotación abusiva. La Tierra genera cada vez menos y el hombre ya no vive de los intereses de la naturaleza, sino que consume el capital de la Tierra, lo que ya afecta a Europa. La UE utiliza una superficie que supera la propia.

La siguiente tabla muestra la población real de la mayoría de países de la UE y según nuestra opinión la población deseada para el nivel de prosperidad actual. Se hace patente, por ejemplo, que la República Federal de Alemania actualmente necesita 5,1 hectáreas de suelo ecológico por persona, aunque solo dispone de 1,9 hectáreas por persona. Si se pudiera reducir la presión demográfica de 231 personas por kilómetro cuadrado a 86 personas, la República Federal de Alemania ya no abrumaría al planeta. Esto conllevaría una reducción de los 82 millones de alemanes a unos 30 millones.

Salta a la vista claramente que la población de Europa con el nivel de consumo actual es demasiado elevada para ser sostenible. Para este problema existen varias soluciones:

  1. Reducción del volumen de la población.
  2. Reducción del connsumo y con
  3. Ni la reducción del volumen de la población ni del consumo, sino una reducción de la contaminación mediante un incremento de la eficiencia y el reciclaje. Se hace evidente que una población elevada es menos problemática en cuanto su nivel de consumo desciende considerablemente.

La tabla presupone que todos los habitantes de la Tierra utilizan los recursos naturales. La huella de un país es la superficie total necesaria para conservar estos recursos y como se utilizan a escala mundial, la huella resulta de su totalidad. La productividad y el consumos de los países es muy diferente. Así pues el concepto hectárea describe aquí un promedio ponderado de la superficie ecológica, dada la superficie ecológica mundial en la que se incluirían también los caladeros. La tabla es puramente indicativa y pretende simplemente suscitar el debate sobre el problema de la superpoblación en relación con los niveles de consumo.

Tabla: relación entre la huella y la densidad de población en los países de la Unión Europea, datos de 2007.


PAÍS

HUELLA ACTUAL

HUELLA SOSTENIBLE

DENSIDAD DE POBLACIÓN ACTUAL

DENSIDAD DE POBLACIÓN SOSTENIBLE

POBLACIÓN ACTUAL

POBLACIÓN SOSTENIBLE

SUPERFICIE (x 1000 km²)

Bélgica / Luxemburgo

8

1,3

309

50

10,5

1,7

34

Dinamarca

8,3

4,9

126

74

5,4

3,2

43

Alemania

5,1

1,9

231

86

82,3

30,7

357

Estonia

7,9

9,0

29

33

1,3

1,5

45

Finlandia

6,2

12,5

17

35

5,3

10,7

305

Francia

5

3,0

113

68

61,7

37,0

544

Grecia

5,4

1,6

84

25

11,1

3,3

132

Hungría

3

2,2

108

79

10,0

7,3

93

Irlanda

6,3

3,5

63

35

4,4

2,4

70

Italia

5

1,1

197

43

59,3

13,0

301

Letonia

5,6

7,0

36

45

2,3

2,9

64

Lituania

4,7

4,4

52

49

3,4

3,2

65

Holanda

6,2

1,0

485

78

16,5

2,7

34

Austria

5,3

3,3

99

62

8,3

5,2

84

Polonia

4,3

2,1

122

60

38,1

18,6

312

Portugal

4,5

1,3

115

33

10,6

3,1

92

Eslovenia

5,3

2,6

100

49

2,0

1,0

20

Eslovaquia

4,1

2,7

110

73

5,4

3,6

49

España

5,4

1,6

87

26

44,1

13,1

505

República Checa

5,7

2,7

130

62

10,3

4,9

79

Reino Unido

4,9

1,3

250

66

61,1

16,2

244

Suecia

5,9

9,7

22

37

9,2

15,1

411

Unión Europea

119

52

462,6

200,2

3883

Fuente: Living Planet Report, WWF, Suiza 2010, datos de 2007.

Leyenda:
Segunda columna: huella actual
El número de hectáreas que necesita un ciudadano medio según su consumo.

 

Tercera columna: huella sostenible
El número de hectáreas por persona con las que se puede mantener el volumen de población actual, sin que se agote el capital de la Tierra, es decir, los recursos naturales.

 

Quinta columna: densidad de población sostenible (número de habitantes por km2)
Las cifras se calculan en base a la tercera columna.

 

Séptima columna: población sostenible (en millones)
Estas cifras se calculan en base al Living Planet Report.

 

Principios del Living Planet Report

El Living Planet Report es un proyecto realizado durante varios años bajo la dirección de WWF (World Wildlife Fund). Esta organización cuenta con cinco millones de socios en 90 países. La WWF tiene como objetivo principal detener la degradación ambiental de la Tierra y promocionar la convivencia sostenible del ser humano y la naturaleza. Otros objetivos importantes son la conservación de la diversidad ecológica del planeta, la conservación de los recursos naturales así como la reducción de la contaminación y del consumo desmedido. Los datos del informe se han recopilado en colaboración con organizaciones como la FAO, el IPCC, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la Comisión Europea y el IVEM de Groningen. Matthis Wackernagel ha contribuido a los cálculos de la huella y al texto de las perspectivas de futuro y las posibilidades de elección política.

¿Cómo se calcula la huella?
La huella de un país indica la superficie terrestre necesaria para producir todo lo que el país requiere respecto a alimentación, materias primas, energía, etc. Por así decirlo, es la parte del planeta que se requiere para el consumo nacional. La huella de un país es la suma total de diferentes partes: suelo agrícola, pastos, bosques, caladeros, energía y tierra cultivada.   La suma de estas “huellas parciales” determina la huella ecológica total. Estos datos se llevan recopilando desde 1961 y se renuevan cada año.

World population