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Miércoles, 18 Agosto 2010 12:02

Sobrevivir como especie humana

Jan C.H.M. Hillegers, teólogo y franciscano
 
La supervivencia es un arte creativo. Muchos organismos, tanto plantas como animales, poseen ese arte. Para ello han desarrollado sus propios rasgos y particularidades con los que pueden resolver sus problemas.
Quien mejor resuelva sus problemas bajo circunstancias cambiantes y en los ámbitos más dispares gana la lucha por la existencia y sobrevive. Quien elija una solución errónea, sucumbe junto a la solución errónea. Tan sólo a posteriori queda claro si la solución elegida era buena o errónea. Charles Darwin ha estudiado esta capacidad de resolver problemas.
 
Modelos animales
Encontrar soluciones para el problema de la supervivencia en la naturaleza tiende a obedecer a modelos fijos y se rige conforme a reglas inalterables. Están fijadas en la estructura anatómica, en los instintos y en las organizaciones sociales. Por eso, el oso polar ha desarrollado un pelaje grueso y blanco de camuflaje para poder capturar focas en el gélido frío. Por eso, el lobo coopera con los demás miembros de la manada y el cactus puede sobrevivir en la estepa al no evaporar apenas agua y evitar ser comido gracias a sus pinchos. Las golondrinas migran, las arañas tejen su telaraña. Se han convertido en estrategias de supervivencia, sólidas como una roca, que llevan una vida independiente y autónoma, como modelos fijos.
Pero los animales y las plantas, los organismos, se han convertido en prisioneros de sus propios modelos que ellos mismos han diseñado a lo largo de la evolución. La estructura ha empezado a determinar de forma coactiva su vida. El caracol es inseparable de su concha y el pavo de su cola. Y debido a que el modelo se ha hecho inmóvil y rígido, el organismo a veces sucumbe si las circunstancias cambian de forma demasiado drástica. La rectificación sólo es posible a una escala muy limitada. La ‘buena solución’ de antaño se ha convertido entonces en una ‘fijación mortífera’.
 
Modelos humanos
De forma análoga, la sociedad humana también ha encontrado, para sobrevivir, soluciones para todo tipo de problemas. Estas están fijadas en las estructuras, las instituciones, las organizaciones y las reglas naturales que todas juntas conforman la realidad social. Pero también en este caso vemos que surge la fijación y el inmovilismo. Las estructuras e instituciones empiezan a llevar una vida autónoma. Pueden degenerar en axiomas casi incuestionables, tabúes intratables, mitos irracionales y 'vacas sagradas'. Es cuando también el ser humano se convierte en prisionero de la estructura que él mismo llegó a crear en su día. Lo que alguna vez fue una 'buena solución', conduce ahora -porque las circunstancias se han modificado muchas veces de forma drástica- a un asfixiamiento mortífero.
Así es como en su día el crecimiento económico era la solución contra la pobreza. El subsidio familiar estaba pensado para brindar a los hijos de las familias con los ingresos más bajos una posibilidad de escolarización. El coche, para aumentar la movilidad de la gente. Las grandes familias, como arma para la emancipación de los católicos. La contratación de trabajadores inmigrantes, para mantener el nivel de prosperidad al ocupar ellos puestos de trabajo vacantes. La promoción de la sociedad multicultural, para dejar que los forasteros pudieran vivir su propia vida.
 
Circunstancias modificadas
Todas estas buenas soluciones no tienen por qué seguir siendo por sí mismas buenas soluciones. Ahora que las circunstancias han cambiado fundamentalmente, estas soluciones tan buenas o razonables para el problema de la supervivencia del ser humano resultan ser igualmente rígidos tabúes asfixiantes. Ahora, el hombre a veces es como una araña que sigue queriendo tejer su telaraña en un túnel de viento: no lo consigue. El conejo que quiere excavar su madriguera en hormigón destroza sus patas rascando. Un pequeño país que pretende crecer de 10 millones de habitantes a 20, porque alguna vez pudo duplicar su población de 5 millones a 10, se dirige a su propio ocaso. No puedes seguir vertiendo impunemente hormigón y seguir echando asfalto. Afortunadamente hay personas que lo entienden.
Es más: lo que en un tiempo determinado y bajo circunstancias determinadas resultó ser una buena solución, resulta ser completamente fatal bajo circunstancias modificadas. La Fundación CVTM [Club de Diez Millones] considera por eso que es un error fatal y mortal querer mantener una población de 6 mil millones de personas. Esta fundación cree que la aspiración encaminada a tener una población mundial de 3 mil millones de habitantes y de 10 millones o menos en los Países Bajos es una solución buena y responsable.
 
Conservadurismo
Muchos políticos se aferran a buenas soluciones del pasado y se niegan a reconocer que eso podría ser fatal para el presente o el futuro. No está claro que este conservadurismo obstinado sea el resultado de la estupidez, del miedo, del afán de poder o tal vez de una combinación de las tres cosas. Desde el conservadurismo político se presentan soluciones aparentes como verdaderas, chapuzas patosas como innovaciones revolucionarias, como empezar a usar el arcén de la autovía, incrementar en un 20% los costes legales del permiso de residencia de los extranjeros, construir una ciudad en el mar, introducir la dispersión vacacional, parquímetros, construir en altura etc.
 
Una respuesta adaptada
Todo demasiado de lo mismo. Después de Morado I y II [apodos de los gobiernos de coalición de 1994 a 1998 (Paars I) y de 1998 a 2002 (Paars II) entre socialdemócratas y liberales; nota del traductor] en el fondo estamos ahora ante Morado III. Parecía que iba a ser algo distinto, pero Fortuyn fue asesinado y sus herederos se destrozaron unos a otros. Va siendo hora de una política que ponga a la superpoblación radicalmente en el centro de la atención. El tiempo apremia, porque la respuesta evolutiva a las circunstancias cambiantes se está formulando paulatinamente. No disponemos de inmensas eras temporales para resolver nuestros problemas de supervivencia. El precio que tendremos que pagar más tarde cuando un planeta tierra expoliado y agotado contraataque, podría ser demasiado alto. Entonces el homo sapiens se verá colocado en la misma galería que el dontosaurio, el mamut y el dodo. Pero con nuestra ratio tenemos sin embargo el instrumento al alcance de la mano para cambiar las circunstancias amenazantes y descarriladas. Usemos por ello esa razón y elijamos la respuesta realmente adaptada: la rigurosa reducción de la población mundial, empezando por los Países Bajos.
 
Nota
Algunos pensamientos inspiradores se han sacado de: "El fenómeno ciencia', por H. Koningsveld. ISBN 90 6009 238 4
 

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