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Sábado, 24 Julio 2010 16:03

Política de superpoblacíon: de preferentia de izquierdas a tabú de izquierdas

S.W. Couwenberg
 
La idea de que se ha alcanzado el límite de la población de los Países Bajos, nace en los años cincuenta cuando el gobierno con el socialista W. Drees como presidente, decidió implantar una política activa de emigración en vistas de la amenaza de alcanzar unos límites de población. Sin embargo, la cantidad de habitantes era mucho inferior que ahora,
es decir, de diez millones. El escritor W.F. Hermans ya afirmó en esa época que los Países Bajos estaban superpoblados, volviendo al mismo tema en diferentes ocasiones durante décadas. Para estudiar el problema de la superpoblación, el gabinete de Biesheuvel creó a su vez una comisión estatal. Bajo la dirección del socialista P. Muntendam, la comisión propuso en su informe de 1977 una serie de medidas para reducir la presión demográfica, como la limitación de la presión de inmigración. Se requiere urgentemente una postura más restrictiva ante la invasión de los extranjeros en el país fuertemente superpoblado a nivel urbanístico, como se podía leer en un comentario sobre el informe en “Política y Sociedad”1). En el informe DS’70 de 1974 se propugnó la necesidad de que “los Países Bajos no se convirtiesen en un país de inmigrantes’, confirmando la misma idea el antiguo presidente del gobierno W. Drees. “Nuestro país ha llegado a su límite, en parte ha superado el límite,’ declaró la reina Juliana en 1979, por autorización del gabinete de esa época, en el discurso de apertura del parlamento de ese año.
 
Fortuyn como rompedor de tabús
La concienciación de la problemática en los años ochenta se convirtió desde ese momento en un tabú de izquierdas y la expresión de las ideas al respecto era un hecho punible, hasta que Fortuyn se atrevió, por fin, a romper el tabú que también conmovía a la administración de la organización Leefbaar Nederland (Holanda habitable). Tras los pasos de la comisión estatal de Muntendam, DS’70 y el antiguo presidente del gobierno W. Drees insistió en una fuerte reducción de la presión de la inmigración. Era necesaria para una mejor integración del creciente flujo de inmigración y para el descargo de los servicios sociales y públicos sobreexplotados. En la Nota de minorías de 1983 se especuló sin tapujos sobre este problema en la siguiente frase profética: “Un ingreso incontrolado de extranjeros conllevará unos gastos sociales que la sociedad ya no podrá soportar”.
 
Fortuyn lo manifestó claramente en vistas del problema inevitable de la viabilidad de nuestro estado de bienestar, tan apreciado por la izquierda. "You cannot simultaneously have free immigration and a welfare state” (no se pueden tener al mismo tiempo una libre inmigración y un estado de bienestar), como declaró el economista americano Milton Friedman. En Dinamarca ya lo entendieron tanto en la derecha como en la izquierda. Desde la revolución de Fortuyn se produjo la misma evolución en los Países Bajos. Como ya dijimos, el tema se ha convertido en un asunto serio en el orden del día del PvdA (Partido Socialdemocrático). Tras su fallecimiento Fortuyn obtuvo de forma póstuma la razón con su polémica postura en el ámbito político.
 
Se podría decir lo mismo con respecto a su idea de acoger a los refugiados preferiblemente en su propio territorio. Al mismo tiempo rompió lanzas para un perdón general de los refugiados que habían agotado todas las vías de recurso, lo que constituyó una proposición mucho más generosa que la decisión del gabinete en 2003. Dicha decisión se criticó bastante pero no se consideró como una expresión de orientación ultraderecha, siendo así, sin embargo, para el razonamiento correcto de Fortuyn que procedía de su preocupación por una presión de población demasiado grande para el país. No se reconoce que el creciente problema estructural de los atascos está relacionado con la presión demográfica, así como la creciente agresividad en el tráfico.
 
Importancia y posibilidades políticas de la política de poblacíon
P. J. Gerbrands2) del Club de Diez Millones, y fundador del Partido contra la Superpoblación reprochó a Fortuyn haber adoptado una postura correcta pero demasiado unilateral. Redujo el problema de la superpoblación a una cuestión de inmigración en vez de considerarlo como parte de una política de población mucho más amplia. Esta crítica es comprensible desde el punto de vista de la política de población. Sin embargo, es injusta para Fortuyn como jóven político. Si Fortuyn hubiera adoptado la propuesta de Gerbrands en su interesante libro “Mijn land van veel en vol (Mi país repleto de mucha gente)” (2003), sobre los requisitos para hacer habitables los Países Bajos, se hubieran rechazado sus ideas como desafiantes ante la vieja política. Gerbrands pretendía imponer una política de población nacional orientada hacia la reducción de la cantidad de habitantes mediante estímulos fiscales, cancelación o reducción de las ayudas sociales para aumentar la natalidad, fomento de la media de un hijo por familia, el rechazo de inmigrantes, incluso de los países miembros de la UE (que es contrario al derecho europeo) y la limitación del derecho de asilo a dos mil al año y, además, la sustitución de nuestra economía de crecimiento por una de reducción.
 
El empeño en elaborar una política de población para frenar la presión en la población y en el medioambiente, se convirtió en un tabú desde los años ochenta debido a una visión conformista de izquierdas a corto plazo. Sin embargo, esta idea se debería defender a favor del interés común de los holandeses. Sólo hay algunos instrumentos disponibles desde el punto de vista político, es decir, una política renovada de emigración, destinada a la reducción de la decadencia del sector agrario que en muchos casos sólo es viable gracias a la aplicación de un proteccionismo económico controvertido; junto con una política restrictiva y selectiva de inmigración. La limitación de las ayudas familiares con dos hijos, obteniéndolas sólo las familias económicamente débiles, puede contribuir a la política de población, aunque puede ser que no surta un gran efecto. Un pensador de izquierdas como Arie van der Zwan3) apoya la idea. Cabe destacar que se recomienda la restricción para estimular la reducción de la cifra de natalidad en la población inmigrante puesto que se reproduce más abundantemente de lo deseado, igual que los católicos de antaño. Una economía de reducción que se promueve por razones ecológicas y no por razones políticas de población, se debe enfrentar a dificultades insuperables por razones socioeconómicas, puesto que afecta al empleo. El empleo es el recurso esencial para mover a una sociedad, el medio por excelencia para conseguir el desarrollo de la misma, su participación social y prestigio.
 
Dimensión mundial
En un mundo fuertemente globalizado e interdependiente no podemos excluir la dimensión mundial del desarrollo y la problemática demográficos. El siglo pasado era clave en dicha evolución. A pesar de las guerras que fueron la causa de la pérdida de incontables vidas, la población mundial creció de 1,6 a 6 mil millones: se alcanzó esta última cifra el 12 de octubre de 1999. Se superaron los límites de la capacidad de regeneración sostenible de la tierra. En el pasado la humanidad vivió de los intereses del patrimonio natural de la tierra. Desde hace varios años estamos viviendo del patrimonio mismo, con todas sus consecuencias. Si consideramos que es necesario y conveniente un reparto proporcional de las riquezas mundiales por razones de justicia y que no queremos sobrecargar la capacidad de la tierra, deberemos volver a una cantidad de 4 mil millones de personas. No sólo implica una reducción de la población mundial, sino también una reducción de la huella ecológica del habitante medio de los Estados Unidos de América y de la Unión Europea. La huella ecológica del estadounidense es 9 veces más grande que la de un habitante medio de un país del tercer mundo.4)
 
Para la reducción del crecimiento de la población mundial hay dos posibilidades: a través de la limitación voluntaria de la natalidad o a través de la vía tradicional de las enfermedades (sida, malaria y tbc), hambre, guerras y genocidio. La primera opción es la más preferible desde un punto de vista ético. Sin embargo, la realización de la reducción por esta vía choca con un frente conservador compuesto por el Vaticano, los países islámicos y las fuerzas conservadoras en los EE.UU. Dicho frente ha impedido hasta la fecha que la Organización Mundial de Salud incluya la planificación familiar en sus programas. Incluso el uso de preservativos se considera éticamente inadmisible. El Día Mundial de la Mujer del 8 de marzo de 2004 se centró en el reconocimiento y la garantía del derecho de la autodeterminación sexual de la mujer. Reconociendo la libertad de decisión de la mujer con respecto a la cantidad de hijos y las relaciones sexuales, se establece una política de población adecuada, como constató la ministra para cooperación al desarrollo del CDA (partido democristiano), Agnes van Ardenne, con motivo del día internacional de la mujer. Asimismo es una condición para un desarrollo económico adecuado. Sin embargo, también choca con la oposición del grupo de poder conservador, anteriormente mencionado.5)
 
  1. Véase la revista Beleid en Maatschappij (Política y Sociedad), 1978, pp. 143-144
  2. P.J.Gerbrands, Mijn land van veel en vol (Mi país repleto de mucha gente), 2003
  3. Véase su entrevista titulada Vloeken in de linkse kerk (Maldecir en la iglesia de izquierdas), Rotterdams Dagblad, 4 de octubre de 2003
  4. Véase, entre otros, J.C.Noordwijk-Van Veen, Rentmeester of roofridder? (¿Administrador de fincas o caballero bandido?), Bulletin Club of Rome, Erasmus Liga, marzo de 2004
  5. Véase la entrevista con la ministra Van Ardenne en Algemeen Dagblad, 6 de marzo de 2004, titulado Witte raaf in ontwikkelingsland (Un mirlo blanco en un país en vías de desarrollo)
 

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