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Domingo, 25 Julio 2010 19:15

Pobreza y enfermedades en ‘s-Hertogenbosch, 1815-1857

Lic. M.M. Portegies, historiador
 
Resumen
's-Hertogenbosch conoció un crecimiento demográfico muy acelerado en el período de 1815 a 1857. Esto provocó una pobreza por lo que muchos habitantes de la ciudad tuvieron que vivir en condiciones precarias y se produjeron una serie de epidemias.
Las autoridades municipales conocían la relación entre pobreza, malas condiciones de vida y epidemias. Sin embargo, no hicieron nada para mejorar la situación. La imagen de la sociedad y del hombre no concuerda con una intervención potente. Además los límites del cerebro humano y la falta de pericia contribuían a agrandar los problemas.
 
Introducción
En los Países Bajos la población aumentó de 1815 a 1857 con 1.058.000 personas (o 47,4%) a 3,3 millones. A título de comparación: en el período de 1961 a 2003 el porcentaje era del 40,7%, y la cantidad de habitantes aumentó a 16,3 millones. La diferencia en el crecimiento demográfico entre los dos períodos es relativamente poco llamativa. Las consecuencias del incremento son totalmente diferentes entre los dos períodos. En la primera mitad del siglo XIX, el crecimiento demográfico creó una oferta de mano de obra que superó estructuralmente a la demanda. Como consecuencia los sueldos de obreros no cualificados bajaron a un nivel que garantizaba apenas el mínimo existencial.1
En la segunda mitad del siglo XX el crecimiento demográfico no causó ninguna oferta estructuralmente mayor de obreros. Esta tendencia era la consecuencia de la creciente formación de los jóvenes, que, por lo tanto, no participaban en el proceso laboral. Además, casi todos los mayores recibían una pensión en vez de tener que trabajar hasta la sepultura. Finalmente, la cantidad de horas laborales por persona bajó aproximadamente a la mitad.2
 
Para entender mejor las consecuencias del crecimiento demográfico para la salud pública en la primera mitad del siglo XIX, se explicará a continuación la situación en 's-Hertogenbosch en el período de 1815 a 1857.
 
Alta mortalidad
En el período de 1841 a 1860, ’s-Hertogenbosch contaba con una media de mortalidad significativamente mayor (no se incluye la mortinatalidad) que la mayoría de los municipios de Brabante Septentrional. Sólo Dinteloord y Willemstad tenían una media de mortalidad mayor.3
El hecho de que la alta mortalidad en los Países Bajos del siglo XIX estuviera vinculada a zonas geográficamente limitadas, significaba que determinados factores físicos-geográficos y sociales de carácter regional influían en gran medida. En el caso de 's-Hertogenbosch se trataba de cuatro factores.
En primer lugar, la humedad de la ciudad: en invierno, el nivel del agua subía, inundando a parte de la ciudad o la ciudad en su totalidad. Esto ocurrió en 1816, 1818 y 1850. Además, las casas de los obreros de ’s-Hertogenbosch presentaban problemas de humedad. Por causa de esta humedad, la capital de Brabante Septentrional, a diferencia de la mayor parte de la provincia, padecía una malaria endémica.3
 
El segundo factor que causaba un nivel de mortalidad relativamente alto en 's-Hertogenbosch, era la influencia de la urbanización. Los Países Bajos ya contaban con una alta densidad demográfica en las ciudades en la primera mitad del siglo XIX. Más del 37% de los holandeses vivían en lugares con más de 2.500 habitantes. En Alemania el porcentaje no llegaba a diecisiete y en Francia algo más de doce.4
's-Hertogenbosch era en el período de 1827 a 1857 la ciudad más grande de Brabante Septentrional, con una media de 19.607 habitantes. Tilburgo, la segunda, contaba con una población media de 13.379 personas. En una población compacta, las enfermedades contagiosas se propagaban relativamente rápido. Durante la última y mayor epidemia de viruela en el siglo XIX, de 1870 a 1873, la mortalidad por causa de viruela era significativamente mayor en las ciudades y en las zonas con una población densa en general.3
 
El consumo doméstico de aguas superficiales del río Dieze es el tercer factor que causa una mortalidad relativamente alta. El consumo doméstico de aguas superficiales puede ser una fuente de contagio. El cólera y otras enfermedades gastrointestinales pueden transmitirse de esta forma. Basándose en el desarrollo de la mortalidad durante las diferentes epidemias de cólera en el siglo XIX, se puede constatar que el agua utilizada para fines domésticos constituía una verdadera fuente de contagio de enfermedades gastrointestinales.3
La cuarta causa de una alta mortalidad en 's-Hertogenbosch era el rápido crecimiento demográfico.
 
Crecimiento demográfico rápido y pobreza
En la capital de Brabante Septentrional la cantidad de habitantes aumentó en la primera mitad del siglo XIX relativamente más rápido que en el resto de los Países Bajos. En el período de 1815 a 1857 la población de ’s-Hertogenbosch creció con 8.567 personas o el 67,1% a una población de 21.338 habitantes.5
Basándonos en lo anterior, las consecuencias para los ingresos son previsibles. Los sueldos en 's-Hertogenbosch no superaban en general a los cinco florines a la semana, mientras una familia con tres hijos alcanzaba un nivel de gastos en patatas y pan de más de tres y medio florines. No quedaban apenas fondos para gastos como el alquiler y ropa. Unos sueldos más bajos habrían hecho prácticamente imposible una existencia física para una gran parte de la población.3
Se debe considerar que la pobreza en 's-Hertogenbosch aumentó a partir de 1750 y alrededor de 1800 casi un tercio de todos los habitantes de la ciudad recibía beneficencia pública. En los años cincuenta del siglo XIX la pobreza de 's-Hertogenbosch era aún mayor. Casi un 60% de todos los fallecidos fueron enterrados en el cementerio de San Juan con los gastos pagados por la servicios sociales.3 En la parte rural la situación no era tan grave. La cantidad de personas que vivían de la caridad aumentó entre 1841 y 1850 del 13 al 27% de la población.6
Por causa de la gran pobreza, no sólo los estratos sociales inferiores de 's-Hertogenbosch, sino también el habitante común vivía en barrios abarrotados, en viviendas pequeñas y húmedas. Muchas personas utilizaban agua del río Dieze, que atravesaba la ciudad, como agua potable. El agua del río también servía como alcantarilla y para limpiar las calles. Por la falta de servicios higiénicos como agua potable y alcantarillado, además de un modo de vida poco saludable, los habitantes de 's-Hertogenbosch vivían en muy malas condiciones higiénicas.3
 
Pobreza y epidemias
Si una gran parte de la población es permanentemente pobre y si las necesidades para una vida saludable, como la alimentación, ropa y vivienda, apenas se cubren, la resistencia física ante enfermedades es mínima.3
No es extraño que se produjeran numerosas epidemias. En 1829 estalló, por ejemplo, la epidemia del sarampión entre los niños. En 1831 hubo una epidemia de viruela infantil y otra de malaria. El año siguiente, los habitantes de ‘s-Hertogenbosch padecían la viruela, malaria, cólera, faringitis y diarrea. En 1833 se registraron 204 muertes por la epidemia continuada de cólera. En 1835 estalló una epidemia de escarlatina, que causó la muerte de numerosas personas. A continuación, 's-Hertogenbosch se libró de epidemias hasta 1846. Sólo en el otoño de 1841 muchos niños murieron de sarampión. En 1846 estallaron nuevamente una serie de epidemias. El tifus, enfermedades inflamatorias de los órganos respiratorios en un gran número de niños y la tos ferina, sobre todo en los económicamente menos afortunados, causaban una gran cantidad de bajas.3
En 1849 una epidemia de cólera causó la muerte de 220 habitantes de ‘s-Hertogenbosch. Más del 1% de la población. En 1852 se produjo otra epidemia de viruela infantil y en 1855 otra epidemia de sarampión.7
 
Papel de la administración pública
Las autoridades municipales conocían la relación entre pobreza, malas condiciones de vida y epidemias. Sin embargo, no hicieron nada para mejorar la situación. La falta de medidas estructurales para luchar contra la pobreza, tiene dos causas: en primer lugar, la imagen de la sociedad y del hombre y en segundo lugar, el funcionamiento del cerebro humano.
Con respecto a la primera causa, se debe entender que la sociedad establece unas normas y leyes para el comportamiento social. Los procesos sociales influyen, a su vez, en la persona.8
 
Para comprender por qué las personas actúan como actúan, se debe entender la imagen de la sociedad y del hombre. En la primera mitad del siglo XIX, dicha imagen implica la determinación de las posibilidades de supervivencia del hombre según el estrato social al que pertenecen al nacer. Dentro de la ideología cristiana, esta asignación se considera como natural y como voluntad de Dios. Esta imagen Dicha imagen de la sociedad se ve reforzada por las nuevas ciencias económicas. Las ciencias económicas se basan en unos patrones, establecidos, al mismo tiempo, en el orden natural de las cosas. La libertad del individuo de actuar sin restricciones era la base más segura para el bienestar de todos. El desempleo y la pobreza eran trastornos temporales e inevitables en el equilibrio de la sociedad y la economía.3
 
La segunda causa de la falta de medidas estructurales por parte de las autoridades municipales para combatir la pobreza, es el funcionamiento del cerebro humano. El psicólogo P. Vroon aclara que la tendencia de “dejar que las cosas sigan su curso” se debe a que en la parte de nuestro cerebro que es responsable de nuestro pensamiento, llamado el neocórtex o el nuevo córtex cerebral, se desarrolló de forma explosiva en los últimos 100.000 años. Esta parte no está muy integrada en el resto del cerebro y apenas influye en las otras dos partes más antiguas, motoras, sensoriales e instintivas.8
Una consecuencia importante del neocórtex explosionado, es el enorme crecimiento en materias como el arte y las ciencias. Sin embargo, la moral no reside exclusivamente en la parte más nueva del cerebro. El desarrollo intelectual ha sido mucho más acelerado que el moral o emocional.8
 
Otra consecuencia de la falta de influencia del neocórtex sobre las demás partes del cerebro es que las ideas a corto plazo dominan sobre las ideas a largo plazo. Por lo tanto, los cambios graduales se notan demasiado tarde. Aunque el hombre no se percata del problema, por lo menos cambia el comportamiento. El neocórtex a menudo sólo tiene que aceptar los mensajes de las partes más antiguas y no aporta mucho más que papeletas vacías.8
 
No sólo nuestros actos individuales, sino también nuestro comportamiento social están bajo el control de mecanismos que no se rigen según unas consideraciones morales-racionales. Igual que los rebaños que tienen líderes a los que siguen hasta la muerte, nosotros mismos estamos bajo la influencia de un reparto de papeles y de autoridades.8
Además, el hombre, igual que muchos animales, depende de la cohesión del grupo. Dentro de una estructura social la responsabilidad del individuo está subordinada a la del grupo. El resultado no es sólo un “sentimiento de grupo” y una “responsabilidad” compartida" sino un cierto grado de inconciencia del individuo. Una orden es una orden, la obediencia una baza considerable y otros grupos no valen, dijo Vroon.8 Según el sociólogo W.S.P. Fortuyn este fenómeno provoca una parálisis en la élite política gobernante. Por un alto grado de conformismo y la exclusión efectiva de personas ajenas, las nuevas ideas e intereses no entran en juego.9
 
La filósofa y economista N. Hertz afirma que los partidos que persiguen objetivos concretos, generalmente no defienden el bien común. Hertz: "Cubren su propio programa, pero no miran por las minorías económicamente débiles”.10 Los estratos sociales inferiores casi siempre tienen que sufrir las consecuencias. En el siglo XIX la situación no era diferente en 's-Hertogenbosch.
 
Sobre este trasfondo, se puede comprender que las autoridades municipales no tomasen medidas estructurales para combatir la causa de las condiciones de vida poco saludables. Además, es evidente que por la misma razón las autoridades holandesas no se preocupasen por la asistencia sanitaria pública. Tomar medidas efectivas en este campo era también difícil por la falta de pericia. Hasta 1867 no nombraron al primer profesor en asistencia sanitaria.3
El hecho de que las autoridades locales tuviesen que pagar las medidas de salud pública de sus propias arcas, sólo aumentó las reticencias al respecto. La labor municipal en la mayoría de los casos se limitaba a los cuidados médicos de los pobres mediante médicos y matronas específicos para los pobres, nombrados por el municipio. Tan sólo ante una amenaza por enfermedades contagiosas o una epidemia de dimensiones catastróficas, las autoridades municipales tomaban una serie de medidas de carácter técnico-higiénico.3
 
  1. Bie, R.J. van der en Smits, J.P. (composición),
    Doscientos años de estadísticas en franjas cronológicas 1800-1999, Ámsterdam 2001, p. 14, 16, 17.
    Internet, www.cbs.nl/nl/cijfers/kerncijfers/index.htm.
    Mens en maatschappij (Hombre y Sociedad). Población. Cifras mensuales.
    Meere, J.M.M. de, Desarrollo económico y nivel de vida en los Países Bajos durante la primera mitad del siglo XIX, La Haya 1982. (Cuadernos de Historia Social 1), p. 71, 74.
  2. Maddison, A., Fases de desarrollo del capitalismo, Utrecht y Amberes 1982. (Aula-paperback nr. 68), p. 75, 76.
  3. Portegies, M., Muerto y enterrado en 's-Hertogenbosch. El cementerio de San Juan 1629-1858, Utrecht 1999. (Estudios arquitectónicos y arqueológicos de 's-Hertogenbosch, volumen 1), p. 156, 157, 159, 161, 162, 184.
  4. Kloek, J. en Mijnhardt, W., 1800. Anteproyecto de una sociedad, La Haya 2001. (Cultura holandesa en un contexto europeo), p. 38.
  5. Situación estadística de la provincia de Brabante, incluyendo la distribución en distritos y cantones, nombres de los municipios, población, los distintos estratos sociales, las religiones, viviendas, distribución del género masculino, cantidad de fincas, tipo de edificación, cultivo de madera, tierra árida, etc. caballos, bovinos, ovejas y cerdos, vehículos y embarcaciones, edificios públicos, etc. el 1 de enero de 1815, 's Hertogenbosch 1815, p. 2.
    Archivos municipales de 's-Hertogenbosch, Archivos nuevos, Informe municipal de 1857, Capítulo I.
  6. Festen, H., 125 años de medicina y sociedad. Historia de la real sociedad holandesa para el fomento de la medicina, s.p. (Utrecht) 1974, p. 26.
  7. Portegies, a.w., p. 151-153.
    Almanaque de la provincia de Brabante Septentrional para el año 1850, 's Hertogenbosch s.a, p. 84. Ídem, para el año 1851,
  8. Vroon, P., Lágrimas de cocodrilo. Sobre la rápida evolución de nuestro cerebro, Baarn 1989, p. 41, 65, 170, 245, 250, 251, 253.
  9. Fortuyn, P., “A su servicio”. Las últimas 32 columnas, s.p. (Hillegom) s.a. (2002), p. 154.
  10. Anónimo, “Hay que ir dónde está la pelota”. Antiglobalista Noreena Hertz y el retorno de las autoridades, en: Spaarmotief. Boletín de noticias de ASN Bank, nº. 4, febrero de 2003, p. 8, 9.
 
2005
 

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