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Viernes, 20 Agosto 2010 09:25

Mudarse o ahogarse

Paul Gerbrands en ‘Falta de escasez’
 
Obras del plan Delta
Las obras del plan Delta son el símbolo de los gastos públicos descomunales. Los casi 50 mil millones de euros que se tendrían que pagar hoy en día por provisiones similares a las causadas por las inundaciones de 1953,
ya no sería proporcional con el significado del pequeño trozo de tierra que se salvó temporalmente de la decadencia. Las inundaciones anuales en Bangladesh inundan áreas cientos de veces más grandes que las zonas de la provincia holandesa de Zelanda que cayó presa una sola vez a las inclemencias del agua. En países como Bangladesh no queda otro remedio que esperar hasta que se vaya el agua nuevamente. Sin embargo, los Países Bajos viven a lo grande y no tienen tiempo para esperar. Los Países Bajos invierten tradicional y gustosamente en las actividades de fortificación marítima. El agua no es escasa, y menos el dinero y las personas. Por lo tanto podemos tirar el dinero como si fuera agua al mar. Hasta la fecha las obras del plan Delta infundieron un respeto a nivel internacional, pero paulatinamente va quedando claro que el hombre no sale ganando sino la naturaleza. Nuestro dinero se hace cada vez más escaso en relación con la lucha contra las crecientes aguas. Por lo tanto, se consideran las obras del plan Delta y la construcción de pólderes alrededor del Zuiderzee y los mares semicerrados cada vez más un asunto sin sentido y demasiado costoso, estando condenados a desaparecer debajo del agua. En vistas del aumento previsto del nivel del mar, que ascendería varios metros dentro de unas décadas, una mudanza preventiva desde los Países Bajos occidentales a los orientales parece ser la única opción seria. Los fondos que se invertirán en posibles futuros planes para mantener secos a los Países Bajos, se podrían emplear para complementar los crecientes déficit con respecto a las prestaciones del Seguro Obligatorio de Vejez y para cubrir los gastos de la futura mudanza de casi tres millones de personas que tendrán que huir del agua. No obstante, también hay otros planes. Una oficina de ingenieros de Nimega pretende construir en el fondo del Mar del Norte ante la costa holandesa un escalón enorme de piedra para proteger toda la línea de la costa. No acabará con la subida del nivel del mar.
 
Acogida de emergencia
Hasta este momento el dinero nunca ha sido un problema. La superpoblación en los Países Bajos es una cuestión latente. Nadie se preocupa demasiado por la afectación del medio ambiente. Las inundaciones son temporales y no son demasiado graves, pero la situación puede cambiar en cualquier momento. Si una gran inundación desde los ríos o desde el mar inundara toda la llanura holandesa durante un período prolongado, la situación se descontrolaría. Los bienes inmuebles en los Países Bajos occidentales bajarán drásticamente en valor o perderán todo valor. La huida de la población hacia el centro y la parte oriental del país comenzará sin duda en ese momento. Hoy en día muchos occidentales, a menudo adinerados, se mudan a zonas más secas y más tranquilas, donde el precio de la vivienda sigue siendo relativamente bajo. Aparte de la pérdida de capital que suponen las continuas inundaciones, incluyendo la pérdida de infraestructura, los Países Bajos serán capaces de trasladar y acoger a tres millones de habitantes de las provincias occidentales en el resto del país, pero no será sin algún que otro problema. La densidad demográfica en la parte oriental del país subirá rápidamente a aproximadamente 600 habitantes por km2, por lo que aumentará la presión sobre las provisiones infraestructurales en el centro de los Países Bajos. De momento no nos damos cuenta de la magnitud del problema de escasez de viviendas. Actualmente no hay escasez de viviendas pero en el futuro habrá una mayor demanda. Hará falta una acogida de emergencia en tiendas, casas de verano y edificios públicos. Incluso se tendrá que recurrir a la ocupación forzosa, como la de después de la guerra a causa de los bombardeos. La inquietud social, causada por el desempleo y la falta de privacidad, hará que muchos decidan cruzar la frontera a Alemania. La tierra en los Países Bajos es un bien aún más escaso de lo que ya era. Probablemente los ricos se mudarán primero para invertir sus ahorros en una finca en Alemania, Portugal o la República Checa.    
 
Nuevo plan Marshall
El número de holandeses perjudicados que tendrán que recurrir a una ayuda o préstamo, será elevado. La cantidad de muertes por asfixia en el agua, suicidios y saqueos aumentará a lo largo de los años. La apelación a la solidaridad será enorme. Los holandeses se involucrarán al máximo, pero incluso la solidaridad tendrá su límite. Puesto que nunca hemos conocido verdadera escasez, nunca le hemos prestado demasiada atención. El Parlamento se verá obligado a adoptar leyes de excepción. Bajo el pretexto de una justicia compartida, se aumentarán los impuestos a los supervivientes de las inundaciones. Un reparto de los ingresos y gastos por parte del gobierno no tardará en producirse. Será una oportunidad inesperada para los partidos políticos que quisieron anteponer la justicia compartida a la propia responsabilidad del individuo. Tendrán que hacer como Papa Noel que reparte regalos. El hecho de que esto correrá a cargo de los que han ahorrado, no cambiará demasiado la sensación actual de injusticia. Asimismo habrá una gran ayuda desde el extranjero. Un nuevo plan Marshall no tardará en aparecer. Sin embargo, este plan de emergencia tampoco podrá resolver el problema, puesto que la subida del nivel del mar afectará también las amplias zonas costeras de los países vecinos como Alemania y Dinamarca y de países mucho más pobres como Indonesia e India. Todos estos países querrán recibir una parte de la generosidad común, que cada vez se hace más escasa en proporción con la cantidad de emergencias. Existen muchas probabilidades de que tres millones de holandeses que huyen del agua, que tienen o no derecho de sufragio, se tengan que refugiar mayoritariamente en iglesias, partidos socialistas y otros institutos de bienestar. Cuando hay necesidad, se aprende a rezar.
 
Extranjero
Las inundaciones son tan antiguas como el mundo, y vivir en zonas costeras a poca altura nunca ha estado exento de riesgos. En Bangladesh y en Sumatra saben muy bien de lo que se trata, desde el terremoto y el tsunami de las Navidades de 2004. En julio de 2005 90 millones de chinos huyeron del agua creciente. Cada año grandes áreas en todo el mundo se ven afectadas por este tipo de catástrofes. A veces por lluvias excesivas, otras veces por terremotos o por la intervención poco acertada del hombre en la naturaleza. En los ricos Países Bajos se podrá seguir derrochando o echando por la borda fondos durante muchos años y sin ninguna objeción. De este modo se puede controlar a la naturaleza, aplazando problemas molestos con la esperanza de resolverlos en el futuro. Sin embargo, en los países pobres no se puede esperar. Por eso organizamos en el rico occidente grandes recolectas de fondos para los que tienen que mantenerse a flote sin los lujos occidentales. Con cantidades sustanciales podemos reparar viviendas o volver a construirlas en los lugares donde el agua se ha retirado, pero con toda probabilidad volverá a surgir. Resulta difícil explicar a las víctimas del tsunami que no pueden volver a vivir en la costa, cuando los holandeses hacen exactamente lo mismo. Tampoco es fácil de explicar que todas las donaciones no tienen ningún efecto negativo para nuestra propia vida de lujo. Nosotros no entendemos que todas nuestras donaciones, todo nuestro dinero, sólo sea una escasa aportación a una verdadera solución para todos sus grandes problemas. Los países asiáticos están, en general, tan superpoblados que la población no tiene otro remedio que establecerse al borde del agua. Con la esperanza de mantenerse a flote económicamente con los escasos fondos que les quedan.
 
El pozo de Europa
Los holandeses pueden construir sólidos apartamentos de hormigón detrás de altos muros de contención o preciosos diques y dunas. La probabilidad de llevarse una sorpresa parece inferior aquí, pero los Países Bajos tienen su nombre por una causa bien acertada: son el pozo de Europa. Es la arrogancia holandesa la que provocará que los holandeses se precipiten con los ojos abiertos en su propia “catarata”. Un bonito ejemplo es la rotura en el dique de Wilnis. Esa catástrofe era totalmente inesperada. Afortunadamente se trataba de un problema a pequeña escala. Las catástrofes son escasas en este país, pero aún así se tuvo que pensar larga y detenidamente sobre el tamaño de la indemnización. La indemnización holandesa en el barrio residencial de Wilnis era una media por persona y por casa bastante alta en comparación con los damnificados del tsunami en Indonesia. Con los millones de euros que se recogieron como ayudas para la catástrofe asiática del día después de Navidad, sólo se podría construir un pueblo en los Países Bajos. En caso de una catástrofe mayor, diez veces más grave que la de Wilnis, no habría ningún fondo de ayuda lo suficientemente grande para la reconstrucción y las compañías de seguros seguramente saldrían perdiendo. Una ayuda financiera que cubra todas las indemnizaciones sería, desde luego, imposible. Nuestros fondos también serían escasos e insuficientes.
 
Poco previsor
En tiempos de hambruna los holandeses también prestan ayuda a los necesitados en otras partes del mundo. Con paquetes de alimentos se crean unas falsas expectativas para un futuro mejor. La ayuda alimentaria colectiva internacional no puede convertirse en una solución definitiva. La ayuda alimentaria supone el mismo gran peligro que las ayudas en caso de inundaciones. Tras las ayudas vuelven a nacer más niños, como si nunca hubiera habido hambruna. Todos esos niños corren, a su vez, peligro de morirse de hambre dentro de algunos años. En realidad se trata de una crueldad no intencionada por parte del donante generoso. Esto es una consecuencia de ser poco previsor, no reflexionar y acallar la propia conciencia. A corto plazo los problemas parecen estar resueltos. Si todo el mundo olvida la catástrofe después de algunos años, el destino vuelve a azotar en el mismo sitio. Todos los países occidentales mantienen de este modo su imagen de magnanimidad y generosidad ante los países pobres, pero estos países no avanzan estructuralmente. Es acertado suponer que las técnicas y ciencias disponibles en los países pobres sean insuficientes para garantizar a corto o a largo plazo, el mantenimiento de las soluciones ofrecidas. Además, el crecimiento de la población neutraliza casi todo tipo de avance económico en los lugares afectados. Esto parece ser también cada vez más el caso en los Países Bajos.
 
Vender la vivienda
Cabe preguntarse si se puede justificar éticamente la continuación de este tipo de ayudas. No hay ninguna señal de un efecto sostenible. En realidad, perdemos siempre la oportunidad de indicar que las ayudas no son la solución. De este modo el Occidente no asume la responsabilidad de un afrontamiento directo de los problemas estructurales en zonas pobres y superpobladas. Se deberían diseñar una clase de ayudas totalmente diferentes. Mientras tanto, en los Países Bajos se sigue luchando contra el agua y contra la reducción eminente de la prosperidad en el futuro. Sólo gracias a nuestras enormes redes de protección financiera y económica, somos capaces de seguir nuestras vidas con los ojos vendados, igual que las víctimas de un tsunami que después de huir a la montaña, vuelven por necesidad a las zonas costeras. Es también incomprensible que nosotros, como occidentales desarrollados, sigamos con nuestra vida de lujo sin preocupaciones a pesar de todos los conocimientos con respecto a las eminentes catástrofes que la naturaleza tiene preparadas para nosotros. Los que venden su vivienda en este momento ante la amenaza de una inundación, huyendo de la parte occidental de los Países Bajos, da, en todo caso, muestras de disponer de algo de inteligencia y egoísmo.

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