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Lunes, 08 Marzo 2010 11:51

Elegir o compartir

Paul Gerbrands

 
La superpoblación no es una simple cuestión de un exceso de habitantes, sino una combinación de la cantidad de personas y las consecuencias para el entorno y para la prosperidad. La tierra se dirige hacia los diez mil millones de habitantes y una gran parte vive ya en la pobreza. Las
riquezas se han repartido de manera injusta y la superpoblación de la tierra parece inevitable. Salvo si elegimos rápidamente entre las siguientes opciones: más personas con menos prosperidad, o lo contrario.
 
Diez mil millones de habitantes son demasiados para la tierra
La tierra va rápidamente hacia los diez mil millones de habitantes en el mundo. Sin embargo, se abre el debate de si la tierra estará superpoblada. En el reino de los animales la superpoblación conlleva un éxodo y una búsqueda de un territorio propio para una parte de la población. Asimismo, la falta de alimentos, agua o el brote de una epidemia reducen la cantidad de individuos hasta volver a un equilibrio con los recursos naturales. Por ejemplo: algunas especies de aves ponen menos huevos si faltan alimentos. Incluso hay especies que matan al hermano menor para poder sobrevivir. Y los animales de rebaño como los ciervos se reproducen hasta que un duro invierno o un verano seco diezman el rebaño. Aunque algunos amantes de los paralelismos entre el hombre y la naturaleza creen constatar los mismos fenómenos entre las personas, la realidad es mucho más matizada. El canibalismo, por ejemplo, no tiene nada que ver con la superpoblación y las áreas superpobladas por el hombre, se caracterizan sobre todo por su alta cifra de natalidad en vez de una reducción del número de hijos.
 
Intelecto
El hombre tiene supuestamente más intelecto que los animales, aunque se puede cuestionar si es verdad, considerando la manera de emplearlo. En parte por esa razón, el hombre dispone de más herramientas y posibilidades para influir en su entorno. En caso de superpoblación, el hombre traspasa los límites de su entorno, explorando de forma racional nuevas posibilidades para seguir viviendo como especie, impunemente, felizmente y manteniendo el mismo número de habitantes y la misma prosperidad. Prefiere ajustar la naturaleza según sus exigencias. Hace mucho tiempo se comenzó con la domesticación de los cultivos y animales agrícolas, la creación de campos, la construcción de ciudades, la retención del mar y los lagos con diques y canales para irrigar los campos y para suministrar agua potable. Finalmente se introdujeron los fertilizantes y pesticidas, la generación y el almacenamiento centralizados de energía y la aplicación de la técnica de la herencia para poder producir cultivos y ganados más rentables.
 
En cuanto a la relación con la naturaleza, el hombre parece tres veces ciego: ciego en su búsqueda de más propiedades, ciego al no ver los límites del crecimiento y ciego en su confianza en los progresos de la ciencia y la tecnología, como soluciones de cualquier problema. A finales del siglo XVIII, el demógrafo y economista británico Thomas Malthus (1766-1834) predijo que el crecimiento de la población siempre adelantaría al crecimiento económico, lo que conllevaría un hambre a gran escala. Introdujo el techo maltusiano – el tamaño máximo que puede alcanzar la población en proporción con las tierras disponibles – y la catástrofe maltusiana – donde la superpoblación se equilibra por un aumento de la mortalidad. Es evidente que los diferentes descubrimientos científicos – causando una reducción de la dependencia del hombre al uso de las tierras – subieron el techo maltusiano gradualmente. Y tampoco se ha producido una catástrofe maltusiana mundial. Sin embargo, la ciencia y la tecnología hasta el momento no han podido evitar que más de un tercio de la población de la tierra no tenga suficientes alimentos o viva en pobreza. Queda claro que sólo una pequeña parte de los habitantes del mundo vive bien a costa de la mayor parte de la población mundial.
 
Huella ecológica y ración justa de la tierra
Los ecologistas modernos indican que se trata de una “huella ecológica” muy desigualada. Otro término relacionado es la “ración justa de la tierra”. Si todo el espacio útil de la tierra se divide entre todas las personas y se proporciona suficiente espacio para que la naturaleza se reponga, cada habitante tendría derecho a una media de 1,8 hectáreas. Esta ración justa de la tierra incluye el espacio necesario para mantener la biodiversidad mundial. Aunque se pueden criticar los diferentes términos y cálculos, queda claro que el reparto de las riquezas naturales entre los ciudadanos del mundo es muy desigual. Un holandés utiliza una media de 4,4 hectáreas en vez de las 1,8 hectáreas, a las que tiene derecho (véase tabla). Los habitantes de la India y Kenia dejan una huella de 0,8 hectáreas; los chinos el doble y los estadounidenses ocupan una media de 9,6 hectáreas. Con una media de 11,9 hectáreas los habitantes de los Emiratos Árabes Unidos se llevan la mayor parte. Las previsiones no mejorarán si el número actual de habitantes de 6,5 mil millones aumenta durante este siglo a aproximadamente diez mil millones. Y la pérdida de tierra útil por la subida de la superficie del agua, reducirá aún más la cantidad de hectáreas disponibles por habitante.
 
“Superpoblación” y “lleno” son simples expresiones de sentimientos subjetivos, igual que cuando a uno le gustan las playas vacías mientras al otro le gustan las playas repletas de gente que huelen a aceite solar. El concepto es cuantificable y constituye una amenaza real. Imagínense que la población del mundo completo de más de seis mil millones de personas tuviera el mismo nivel de prosperidad y el mismo patrón de consumo como en los Países Bajos. Es razonable pensar que las personas que viven en otra parte, quisieran tener la misma superficie habitable, vehículo en propiedad, consumo de energía, importación de alimentos, vacaciones en avión y artículos de lujo como en los Países Bajos. En consecuencia tendrían la misma producción de residuos, despilfarro y contaminación. La tierra no necesitaría 11,8 mil millones de hectáreas de superficie biológicamente productiva, sino casi 30 mil millones de hectáreas. Es imposible, puesto que la superficie total de la tierra (excluyendo los océanos) es de "sólo" quince mil millones de hectáreas, de las cuales aproximadamente unos cuatro mil millones de hectáreas no son fértiles. Se produciría una escasez de todo, generando guerras y conflictos en todas partes. La superpoblación ya no sería un concepto subjetivo poco definido o un sentimiento confuso, sino una amenaza real de la existencia.
 
Problema ecológico
La superpoblación es un problema ecológico. La superpoblación se genera si el consumo de los recursos naturales por una población supera la capacidad del sistema. La superpoblación es el producto de la cantidad de personas y el consumo de su entorno; en otras palabras: el nivel de prosperidad. Si hubiera menos personas en los Países Bajos con unas exigencias de prosperidad más limitadas, la población reducida dependería menos de otras partes del mundo para su subsistencia. Esto implicaría una mejora de la calidad de vida de los prójimos en otra parte del mundo. Desde esta perspectiva, los Países Bajos están superpoblados. No es tema de discusión para la mayoría de los habitantes de uno de los países más ricos y más poblados del mundo. La mayoría no se da cuenta de esta situación. Es verdaderamente, citando a Al Gore, una “verdad incómoda", porque esta discusión nos haría comprender la realidad. Si comparamos Holanda con Etiopía, Holanda se lleva la palma al reclamar una gran parte de la capacidad ecológica de la tierra. Mas de 60 millones de etíopes consumen sólo una fracción de los alimentos y de la energía que los más de 16 millones de holandeses gastan cada año. Es fácil de entender que la huella ecológica de Holanda es mucho mayor que la del promedio etíope. Cuanto mayor sea la cantidad de habitantes de un país, mayor será el nivel de consumo, la necesidad de consumibles como alimentos, energía y agua, y consecuentemente, tierra ecológica. (Además, la pobreza grave también conlleva una huella mayor, puesto que la población pobre no tiene los medios financieros ni técnicos para cuidar el medio ambiente, elevando la contaminación, erosión y pérdida de biodiversidad.) Cuantos más países consigan un alto nivel de prosperidad, se creará un problema sin solución. Se deberán reducir la prosperidad o la cantidad de habitantes. Ya es suficientemente grave que la huella ecológica media de los holandeses sea mayor que una huella responsable a la que tienen derecho. Lo peor es que la mayor parte de esa huella de 4,4 hectáreas se deje en el extranjero, puesto que los Países Bajos densamente poblados sólo disponen de un cuarto de hectárea por habitante.
 
Problema de energía
La superpoblación es también un problema de energía. Se espera que dentro de algunas décadas se agote la mayor parte de las existencias de combustibles fósiles. En este momento ya se producen conflictos geopolíticos, como la guerra en el país petrolífero de Irak, las existencias limitadas y las subidas de precio. Si el consumo de energía en los Países Bajos se mantiene en el nivel actual o aumenta, se crearán más problemas. ¿Podrían los Países Bajos proveer su propia energía, con fuentes de energía alternativa? Por ahora será difícil. Para generar toda la energía necesaria para la sociedad holandesa con el viento y el sol, harían falta cientos de miles de molinos o se debería llenar la tercera parte de los Países Bajos con placas solares. Se podrían plantar la hierba cinta de rápido crecimiento u otros cultivos aptos para energía de biomasa en grandes áreas de nuestras tierras de cultivo. Todo esto implicaría ocupar al máximo el escaso espacio y la tierra de cultivo en los Países Bajos. Llevaría sin duda a una crisis de alimentos. La energía nuclear es una posibilidad, puesto que hay suficiente materia de fusión para suministrar energía durante un siglo, pero no es posible en los Países Bajos. La aportación a la reducción de los gases que causan el efecto invernadero, sería considerable, pero dejaríamos un legado de residuos radioactivos a nuestra descendencia. Se podrían imponer unos ahorros drásticos en el consumo actual de energía, pero no se esperan altos porcentajes de ahorro a corto plazo. Sobre todo si los políticos y economistas siguen promoviendo el crecimiento económico como una condición imprescindible para el futuro desarrollo de los Países Bajos.
 
Problema de agua y alimentos
La superpoblación es también un problema de disponibilidad de agua y alimentos. La demanda mundial de agua sigue creciendo. Sobre todo en la agricultura, pero también en la industria y para uso doméstico se requiere una parte cada vez mayor de las existencias de agua. Muchos países luchan contra la escasez de agua. Tanto en sentido cuantitativo (no hay suficiente agua) como en el sentido cualitativo (no hay suficiente agua limpia). Es evidente que la escasez de agua conlleva una mala cosecha, hambre, afluencias de refugiados, conflictos étnicos, enfermedades contagiosas y otros problemas sanitarios. El agua y los alimentos son siempre las primeras ayudas para pueblos afectados por catástrofes naturales o guerras. Sin embargo, ni a largo plazo, ni estructuralmente, se produce una mejora sustancial en las condiciones de vida de la población.
 
La comunidad internacional puede consultarse a sí misma sobre el contenido moral de esta solución meramente transitoria. Por un lado se ayuda adecuadamente a las personas, dándoles esperanza para un futuro (mejor). Por otro lado la comunidad internacional no se implica para tomar medidas efectivas para reducir estructuralmente la miseria de las poblaciones afectadas. A menudo falta la voluntad política y económica para crear una paz efectiva, adecuada para la cultura correspondiente, en una zona dividida por conflictos. A menudo las controversias del pasado se reavivan por el mundo industrializado para garantizar los propios intereses geopolíticos. Algunos ejemplos son el conflicto palestino-israelí en el Oriente Medio, la guerra de la guerrilla en Afganistán, la lucha entre Irán e Irak, la crisis actual en Irak y los numerosos focos de conflicto en África donde los gobiernos locales, los líderes y las diversas tribus se alternan para recibir apoyo de las diferentes grandes potencias.
 
Además, se realizan pocas intervenciones estructurales para proporcionar más acceso al mercado (internacional) a los países pobres y a los productores de esos países. Si las medidas efectivas afectan a la propia economía, los países ricos no suelen dar el brazo a torcer: no reducen las medidas proteccionistas en los países industriales, no contrarrestan la venta de productos baratos o desechos a los países pobres, no protegen los precios de los combustibles y no reducen la venta de armas a regímenes pobres y regiones inestables. Lo mismo ocurre para la reducción de la propia huella ecológica a favor de la población de los países pobres. No se puede tocar la propia prosperidad, ni siquiera para mejorar las condiciones de vida precarias e insatisfactorias de los más pobres. Todo ello a pesar de que la historia nos muestra que la prosperidad finalmente frena el crecimiento de la población.
 
Problema científico y tecnológico
Probablemente es posible que la ciencia y la tecnología puedan dar soluciones para un mundo que al final del siglo XXI contará con una población de diez a once mil millones de habitantes. Esto nos lleva al hecho de que la superpoblación también es un problema tecnológico. Sobre todo los científicos técnicos confían ciegamente en el progreso del hombre. Como argumento contra la teoría de la catástrofe maltusiana se afirma que las personas adicionales aportarán una capacidad intelectual complementaria, creatividad y nuevas soluciones. La catástrofe no se ha producido hasta la fecha y se ha subido el techo maltusiano en diferentes ocasiones: por ejemplo, por el descubrimiento de la máquina de vapor y el desarrollo en la agricultura que mejoran la relación entre el tamaño de la población y la superficie útil necesaria. La Revolución Verde, que causó un aumento del rendimiento de los cultivos alimenticios gracias a unos métodos de cultivo racionales, es una de las soluciones aportadas por la ciencia ante la escasez de alimentos y la pobreza. Y existen otras líneas de investigación científica y tecnológica que pueden llevar a soluciones para el hambre mundial a la que nos dirigimos.
 
Desafortunadamente la realidad es inflexible. La mayoría de los proyectos para contrarrestar una futura catástrofe mundial, se reducen a mera ciencia ficción. En teoría estos proyectos son, sin duda, plausibles pero los obstáculos políticos, financieros y prácticos y la inseguridad siguen siendo grandes, por lo que en todo caso no se podrán llevar a cabo (a tiempo). Por ejemplo: la fusión nuclear segura es una solución futurística para el problema energético. Sin embargo, tras décadas de investigación y grandes inversiones, la fusión nuclear apenas se ha acercado a una posible aplicación y la opinión pública en los países europeos empieza a oponerse a este tipo de centrales nucleares. La tecnología tampoco ofrece soluciones para una serie de problemas causados por la combinación de una alta prosperidad y muchos miles de millones de habitantes. Es verdad que la ciencia y la tecnología pueden aumentar la capacidad de la tierra y reducir el impacto de la creciente población sobre los recursos naturales, pero considerando la lentitud de la introducción de nuevas tecnologías en el pasado, cabe preguntarse si estas nuevas tecnologías podrán ofrecer una solución viable y a tiempo para el mundo.
 
Problema político
En principio todos los países como China, India y todos los demás países “en vías de desarrollo” tienen el mismo derecho a tener prosperidad, educación, asistencia sanitaria y bienes de consumo que los países occidentales. Si nos basáramos en el principio de la huella ecológica y quisiéramos vivir todos como el medio estadounidense, que necesita unas 9,4 hectáreas de tierra biológicamente productiva, sólo habría sitio en la tierra para 1,25 mil millones de personas. Si mantuviésemos el nivel de prosperidad media holandesa, el límite sería de 2,7 mil millones. En este momento queda claro que la tierra no puede soportar una población de seis mil millones de personas a un nivel de prosperidad de los países más desarrollados. Por lo tanto, sólo hay dos posibilidades para el futuro: ser muchos y pobres o ser más prósperos pero con menos personas.
 
Por eso la superpoblación es sobre todo un problema político. Se debe abrir un debate sobre las consecuencias del producto actual de la prosperidad y la población, cuyo resultado es demasiado insoportable para la capacidad actual de la tierra. Sin embargo, no se percibe como una emergencia (política). Aparentemente la mayoría de las personas no está impresionada por la amenaza de la catástrofe llamada superpoblación. No obstante, se debe tratar la cuestión en el mundo político y se debería hacer una elección entre las dos opciones ahora, puesto que hasta dentro de unas décadas no se notará el efecto de la decisión de reducir la prosperidad (como puede ser el caso en los Países Bajos) o disminuir la población. Si esperamos más, las futuras generaciones nos condenarán por ello.
 
Maltusianos y el Club de Diez Millones
El demógrafo y economista británico Thomas Robert Malthus (1766-1834) predijo a finales del siglo XVIII, principios del siglo XIX que la población crecería más rápido que la producción de alimentos, ocasionando hambre. Cuando la población alcance un techo, una catástrofe provocará que la superpoblación llegue a equilibrarse a nivel de recursos por un aumento de la mortalidad (hambre y enfermedad). Sólo los medios anticonceptivos y el aborto podrían prevenir una catástrofe, pero Malthus, un pastor anglicano, estaba absolutamente en contra. Malthus y sus seguidores se preocupaban sobre todo por la conducta desenfrenada de reproducción de los obreros y pobres. Malthus estaba convencido de que un aumento de la prosperidad fomentaría el crecimiento de la población. Es justo lo contrario: cuanta menos prosperidad, menos hijos. Los neomaltusianos son menos pesimistas con respecto al crecimiento de la población y la prosperidad, afirmando que la capacidad de la madre tierra impone unos límites naturales al crecimiento de la población. Los neomaltusianos manifiestan explícitamente que la tecnología desempeña un papel importante en evitar la catástrofe maltusiana. Por el desarrollo de la tecnología se puede utilizar la tierra de forma más eficiente. Los optimistas de la tecnología y los pesimistas no se ponen de acuerdo sobre la medida en que los avances tecnológicos podrían evitar una catástrofe de diez mil millones de habitantes. En todo caso coinciden en que la información sobre medios anticonceptivos y su uso es un recurso importante para posponer la catástrofe o incluso prevenirla.
En 1994 en los Países Bajos la Fundación del “Club de Diez Millones” (CdDM) siguió el hilo de los maltusianos y del Club de Roma, que en los años setenta predijeron una catástrofe ecológica causada por la superpoblación, la prosperidad, el despilfarro, la contaminación y otras cuestiones. Este club, que promueve la idea de una población máxima de diez millones en los Países Bajos, no quiere de ningún modo que se le asocie con la política racista o la limitación forzosa del número de hijos. CdDM quiere fomentar una política gubernamental que lleve a nuestro país a largo plazo a un número de habitantes acorde con la capacidad del país (unos diez millones). No se deben rehuir los incentivos sustanciales (financieros) para limitar el número de hijos y el exceso de migración, en caso de que la información anticonceptiva no surta el efecto deseado. (www.overbevolking.nl).
 
Tabla 1
El informe de Living Planet de 2006 proporciona las siguientes cifras para la Huella media por habitante (en 2003)
 
Continentes
Países
Ámerica del Norte
9,4 hectáreas
Emiratos Árabes Unidos
11,9 hectáreas
Unión Europea
4,8 hectáreas
Estados Unidos
9,6 hectáreas
Europa (no UE)
3,8 hectáreas
Bélgica y Luxemburgo
5,6 hectáreas
Mundo
2,23 hectáreas
Los Países Bajos
4,4 hectáreas
Oriente Medio y Asia Central
2,2 hectáreas
Hungría
3,5 hectáreas
América Latina y Caribe
2,0 hectáreas
Turquía
2,1 hectáreas
Biocapacidad disponible
1,8 hectáreas
Brasil
2,1 hectáreas
Asia (en el Océano Pacífico)
1,3 hectáreas
Argelia
1,6 hectáreas
África
1,1 hectáreas
China
1,6 hectáreas
 
 
Kenia
0,8 hectáreas
 
 
India
0,8 hectáreas
 
2008

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